ARQUITECTURA Y URBANISMO SOSTENIBLE
Por: Arq. Daniel Wong
Encontrar una definición clara de sostenibilidad, resulta una tarea por demás difícil, pues son varios los puntos de vista al respecto, muchos de ellos sesgados a una posición ideológica o a alguna tendencia particular. Para un ecologista, por ejemplo, está estrechamente ligada al entorno natural; para un economista seguramente el aspecto económico ocupa un lugar de mayor importancia frente a otras variables, mientras que para un sociólogo no tiene mayor sentido si no se toma en cuenta el rol neurálgico del ser humano en el entorno social.
En su núcleo, el desarrollo sostenible destaca la necesidad de preservar el medio ambiente pero no como un hecho aislado sino como una variable implícita en el quehacer humano y que por lo tanto, toda alteración del mismo, tendrá repercusiones directas sobre el bienestar de la sociedad.
Se entiende por medio ambiente al entorno que afecta y condiciona especialmente las circunstancias de vida de las personas o la sociedad. Comprende el conjunto de valores naturales, sociales y culturales existentes en un lugar y un momento determinado, que influyen en la vida del ser humano y en las generaciones venideras.
Es una tendencia general definir al medio ambiente desde el único enfoque de su relación con el entorno natural, las áreas verdes, los ríos, montañas, clima, etc.; lo que provoca el surgimiento de estudios y proyectos incompletos y falaces, ya que dejan a un lado aspectos como el económico, social, cultural, urbano o político, que son parte del mismo.
El medio ambiente por lo tanto, es el resultado de la suma del entorno social, económico y natural, dentro del cual se desarrolla la vida de los seres humanos. En el caso de aquellos que habitamos en ciudades, conviene sumarle el ámbito urbano que juega un papel importante en la vida del citadino. Hablar de sostenibilidad lleva implícito hablar de aspectos económicos, sociales, políticos, urbanísticos, e incluso jurídicos que tengan como norte la conservación del medio ambiente.
El tema de la sostenibilidad, en todos los campos y más específicamente en el ambiental, ha pasado a ocupar actualmente un espacio de especial importancia para todas las actividades humanas. Por supuesto, la arquitectura y el urbanismo, no han quedado al margen de esta corriente a la que la mayoría tendemos a sumarnos. No obstante, si conviene hacer un alto y reflexionar sobre la real comprensión que los profesionales y en este particular caso, los arquitectos, tenemos al respecto. Y es que debemos reconocer que somos muy poco sostenibles, parcialmente en ejercicios académicos y muy rara vez en el ejercicio profesional. De hecho, a pesar de que hoy más que nunca el tema de la sostenibilidad o la eficiencia energética ocupan un espacio preponderante dentro de los objetivos urbanos y arquitectónicos de las ciudades; los proyectos que desarrollamos tienden a ser, por factores a veces ajenos a nuestro manejo, ambientalmente agresivos y contaminantes. En fin, poco sostenibles. Enormes edificios “inteligentes” que malgastan importantes cantidades de energía en mantener el confort de sus usuarios, fachadas de vidrio que acumulan el calor y sobre potencian los equipos de climatización, sistemas de aguas servidas obsoletos y poco responsables con el medio ambiente, etc.
Recorriendo las aceras de mi ciudad, veo que quizás en la década de los 60 y 70, cuando el tema de la sostenibilidad todavía no era tan explorado como hoy, la arquitectura de los edificios, tal vez por la entonces carencia de tecnología orientadas al confort, se preocupaba por la orientación de las fachadas para aprovechar los recursos climáticos, por el empleo de quiebrasoles para protegerse del sol, por la distribución adecuada de los espacios para el acceso a la luz solar e ingreso de brisa, etc. Hoy los quiebrasoles están en extinción y aunque a algunos arquitectos, a veces se nos permite su empleo, el esfuerzo parece diluirse frente a la aparición de nuevas tecnologías constructivas, del consumo de más y más energía.
Los modelos de crecimiento de nuestras ciudades son hoy menos sostenibles que ayer. Comunidades cercadas, aisladas entre si y dentro de ellas otras comunidades amuralladas y casas con mallas eléctricas. Además del gasto económico que todo este tipo de “arquitectura” conlleva, implica también un aspecto de segregación que al multiplicarse en las afuera de la ciudad, se traduce en un mayor gasto público, para el desarrollo de vías y sistema de trasporte, mayor empleo del auto, mayor distancia y tiempo de viaje y por consiguiente mayor consumo de energía que al final afecta negativamente al ambiente natural. Ese es el modelo de crecimiento de nuestras ciudades y nosotros los arquitectos, somos los llamados a sentar nuestra crítica, a estudiar el fenómeno y a promover soluciones creativas para un desarrollo diferente y realmente sostenible.
Hoy como nunca, estamos teóricamente consientes de la necesidad de al menos emplear criterios de sostenibilidad en nuestros proyectos, pero en la práctica definitivamente no es así y de hecho muy poco se hace respecto al tema y para ello, basta con echar una mirada a lo que muchos profesionales de hoy estamos haciendo, una arquitectura sostenible, debe influenciarse por los entornos que componen el medio ambiente y del mismo modo, esa obra plasmada en un edificio, una casa, una plaza, un parque o un malecón, debe influenciar esos entornos.
La arquitectura es la forma más sencilla de articular el tiempo y el espacio, de modular la realidad, de hacer soñar. No sólo son una articulación y una modulación plástica, que son la expresión de una belleza pasajera, sino también una modulación que influencia, que se inscribe en la curva eterna de los deseos humanos y de los progresos en la materialización de dichos deseos.
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